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ENTRE LINEAS

El Amor o lo que sea, como no...

Átame

Átame

Nunca antes había deseado atar a una mujer. Y sabía que mentalmente la ataba a él, aun cuando sabía que no tenía derecho a ello.

 

Se arrodilló a su lado y con gentileza le acarició debajo de los pechos y por la curva de la cadera, un contacto leve y excitante a medida que su fantasía crecía. En ese momento la tenía en su poder. Podía hacer lo que quisiera con ella. Y sabía con exactitud qué era eso. Cuando ella pronunció su nombre, con voz suave y suplicante, se inclinó para darle un beso en la mandíbula y descender por la fina columna del cuello. Dedicó un tiempo considerable a esa tarea. Lentamente descendió, provocándole las cumbres de los pechos, para terminar con incursiones por los pezones erectos. Introdujo un pezón en la boca y succionó, provocándole un jadeo de ruego cuando empleó labios y dientes. Mientras succionaba, dedicó la mano libre a jugar con el otro pezón, apretando y frotando como sabía que la excitaba.

 

Ella arqueó el cuerpo y se retorció bajo las caricias que le dedicaba. Desesperado por tenerla, pegó el pene a su cadera. Con delicadeza le lamió la caja torácica, después se movió hacia el centro de su cuerpo para meterle la lengua en el ombligo. Sintió los musculos de ella temblar y provocaron una misma respuesta en él. Agarró una almohada y la metió bajo sus glúteos, con el fin de abrirle los muslos y situarse entre ella. Ella emitió un leve gemido, que podría haber sido una protesta... o una invitación.

 

No le importaba. Sabía lo que quería. Besarla. Darse un festín con su esencia.

 

Con suavidad le apartó los pliegues del sexo con los dedos y sintió que se aceleraba al descubrir hasta donde llegaba la excitación de ella. Estaba blanda, inflada y lubricada. Con un sonido torturado procedente de su garganta, se inclinó para encontrar con la boca y beber la dulzura con labios y lengua. Sabía a calor, a miel y deseo femenino. Al aferrarla por las caderas para aquietarla con una especia de amable salvajismo, ella gimió en protesta. Pero esa noche quería el control, el poder y la satisfacción de llevarla al climax. No había manera de expresar sus emociones con palabras. A cambio, utilizó la boca.

 

La besó, la acarició. Experimentó con el ritmo, la presión y el ángulo de la boca hasta descubrir qué era lo que más le gustaba a ella.

 

Y cuando sintió los primeros temblores del orgasmo contra su boca, sintió que algo fiero y tierno le atenazaba el pecho. Ella gritó su nombre cuando la llevó hasta el precipicio. Él bebió del orgasmo, asombrado por las sensaciones que le transmitía desde el núcleo hasta sus labios. Aguardó hasta que los temblores se mitigaron. Luego, medio enloquecido por su propia necesidad, se arrancó los calzoncillos e introdujo el miembro palpitante en ella. El sexo siempre había sido una forma de placer físico. Pero esa noche era una pequeña parte de lo que sentía. Fué dominado por unas sensaciones que jamás habría podido articular. Sin embargo, las sintió hasta lo más hondo de su alma.

 

La sintió moverse al mismo ritmo que él. Sin darse cuenta, ella se había soltado y le clavaba las uñas en la espalda.

 

Entonces él tembló con la fuerza absoluta de su liberación, con la cabeza echada hacia atrás a medida que el éxtasis lo envolvía. Sintió el cuerpo de ella convulsionarse, sintió que lo agarraba con más fuerza, la oyó gemir de placer mientras lo seguía al lugar donde había vuelto a guiarla. Se derrumbó sobre ella, demasiado extenuado para moverse. Cuando el cerebro volvió a funcionar, intentó ponerse de costado, pero ella no se lo permitió.

-Quédate dentro de mí. Murmuró.

Él también quería permanecer conectado a ella el tiempo que pudiera. La rodeó con los brazos y rodó hasta situarse de lado sin soltarla. Ella acurrucó la cabeza sobre su hombro y él le acarició el pelo.

-Deberíamos dormir. Ha sido una noche larga. Murmuró él.

-Sí. Susurró ella.

Tentación

Tentación He de confesarte algo, amada mía. Te he sido infiel. No he podido resistir el influjo de un cuerpo joven, terso y de piel suave. No he logrado evitar que su olor impregnase mis sentidos desde el primer momento. No he conseguido desprenderme de su dulce sabor que, empapando mi boca, hidrató mis sentidos.  Mis ojos quedaron atrapados al verla ahí, abierta para mí, con ese color rojo intenso propio de las pasiones irrefrenables. He sido débil, lo sé y sólo puedo decir en mi descargo que fue la única que me sirvió de consuelo para mitigar este calor que me abrasa.

En el laberinto

En el laberinto

 

 

 

 

 

“Te quiero”

 

 

 

Ese sencillo SMS arrancado de lo más profundo de su ser cuando despertaba el lunes, había viajado desde su móvil sin que a las nueve de la noche hubiese recibido respuesta…

 


 

Como cada lunes llegó a su casa agotada después de una extenuante jornada de trabajo. A esa fatiga se añadía el silencio del móvil, ausente de las palabras de él. La lluvia había estado presente todo el día como si quisiera unirse a su llanto.

 

 

 

Pensó que lo mejor era limpiarse la tristeza del día, dándose un baño caliente en el jacuzzi. Una bañera que aún conservaba la sonrisa de él, el olor de él, las caricias de él, la pasión de él… Tras ese fin de semana juntos se convenció que no era un simple pasatiempo en su vida pero, ahora, su mutismo parecía devolverla a un rincón oscuro muy apartado del corazón.

 

 

 

 

 

Se desnudó lentamente recordando que, sólo veinticuatro horas antes, lo había hecho su amado con aquella delicada parsimonia que tanto avivaba su deseo. Se preparó un vaso de chardonnay bien frío y dispuso en el aparato de música un recopilatorio de los éxitos de Maná. El contacto de la piel con el agua caliente empezó a vestirla de un recogimiento que necesitaba con urgencia. Recostó la cabeza en uno de los soportes de la bañera redonda y cerró los ojos percibiendo como los pequeños chorros de agua cimbreaban su cuerpo acompasándose con la música de “Vivir sin aire”, proporcionándole el primer momento de relajación en un aciago lunes. Ahora hubiese dado lo que fuera por saber el lugar que ocupaba en los pensamientos de él. Incluso convertirse en un ser microscópico para poder colarse en su cerebro y conocer...

 

 

 

Algo inesperado ocurrió entonces. Sintió como el agua se colaba por el desagüe de la bañera, arrastrándola en el remolino que formaba. No pudo hacer nada. No gritaba, ni tan siquiera lograba articular palabra. El agua la llevó por el desagüe en un vertiginoso descenso que frenó en seco cuando llegó a un lugar lleno de oscuridad. No sabía dónde estaba aunque el sitio le resultaba extrañamente familiar…

 

 

 

 

De las sombras apareció una figura rodeada de una aureola que daba cierta claridad a aquél espacio. La forma estaba lejos y aún no podía distinguirla, pero la penumbra que formaba permitió que ella fuese tomando conciencia de dónde estaba. Una especie de laberinto montañoso se alzaba ante ella. Un laberinto lleno de surcos que se cruzaban sin sentido aparente y que eran atravesados por pequeños hilos llenos de nudos a lo largo de toda su extensión.

 

 

 

En un instante la forma se hizo evidente a los ojos de ella e iluminó el espacio. Era su propia figura. Sonriente y dichosa. En una milésima de tiempo supo dónde se encontraba. Era la fábrica dónde nacen los sueños, los pensamientos y las ilusiones. El cerebro de él. Casi sin tiempo de darse cuenta de preguntarse qué hacía allí, una brillante luz lo iluminó todo. Los nudos que unían los hilos que atravesaban los surcos cerebrales parecían haber adquirido vida y, como en una película, pudo verlo a él en la calle leyendo un mensaje. El mensaje de ella: “Te quiero”. Vió la sonrisa, cariñosa y tierna, en su cara y se dió cuenta que esa reacción producida en el cerebro, esa explosión de luz y color, era fruto de su mensaje. Vió también como él se disponía a contestar pero, al teclear las letras del móvil, resbaló y cayó al suelo de la calle destrozándose. Imposible contestar… ¿Imposible? No lo era para el amor que sentía por ella. Le envió su mensaje a través de la corriente de su pensamiento consciente que llegaría a su destino…

 

 

“Yo también”


 

 

 

 

 


 

 

 

 

 


Una declaración de amor...

Una declaración de amor...

"Cuando miro atrás el Jardín me parece un sueño. Era hermoso, inconmensurablemente hermoso y cautivador. Ahora lo he perdido y jamás volveré a verlo. El Jardín se ha perdido, pero le he encontrado a él, y me siento feliz. Me ama en la medida que puede; yo le amo con toda la fuerza de mi apasionada naturaleza, y esto, creo , es propio de mi juventud y mi sexo.

 

Cuando quiero saber por qué le amo, me doy cuenta de que no lo sé, y en realidad no me importa saberlo. De modo que deduzco que esta clase de amor no es producto de la razón o las estadísticas, como el amor que uno siente por otros reptiles y animales. Y creo que así ha de ser. Amo a ciertos pájaros por su canto; pero no amo a Adán por su canto, no. No es eso, cuanto más canta menos me gusta. Y, sin embargo, le pedí que cantara porque deseo aprender a amar todo lo suyo. (.....).

 

 

Es fuerte y bello, y le amo por eso, pero también podría amarle sin esas cualidades. Si fuera ordinario, le amaría; si fuera contrahecho, le amaría (...) y velaría su lecho hasta su muerte.

Sí, creo que le amo sencillamante porque es mio y es hombre. No hay otra razón, supongo. Y por eso creo que es tal y como dije al principio: que esta clase de amor no es un producto de la razón o las estadísiticas. Viene, sencillamente, nadie sabe de dónde, sin explicación alguna. Y no la necesita.

Eso es lo que pienso. Pero sólo soy una muchacha, la primera que ha analizado este asunto, y podría ser que, en mi inexperiencia e ignorancia, no lo hubiera comprendido cabalmente.

Cuarenta años más tarde...


Es mi oración y mi anhelo que muramos juntos, un deseo que jamás perecerá, sino que encontrará cobijo en el corazón de cualquier esposa amante hasta el fin de los tiempos y llevará mi nombre.

 

Pero si alguno de nosotros tuviera que marcharse antes, ruego que sea yo; pues él es fuerte, y yo débil, y no le soy tan necesaria como él a mi. La vida sin él no sería vida, ¿cómo podría soportarla? Esta oración también es inmortal y no cesará de entonarse mientras mi raza siga con vida. Soy la primera esposa, y la última seguirá repitiéndolo."

 

 

(Diario de Adán y Eva, Mark Twain)

El puente

El puente

Construiré un puente… para que circulen por él mis sentimientos.

No necesito que sea muy largo… porque el cariño no quiere distancia.

Tampoco debe ser grande… no vaya a ser que los susurros se pierdan antes de excitar nuestros sentidos.

Tiene que ser un puente húmedo… para que se deslice por él nuestro deseo.

Fabricado de material flexible, tanto, que pueda plegarse en un arco cuando nuestros labios se unan.

Y dúctil… para permitir que nuestras lenguas se enrosquen en un abrazo único y apasionado.

Construiré un puente que vaya de mi boca a tu boca… para hacerte llegar mi amor.

Caricias

Caricias

Sus brotes resistieron las heladas del invierno.

Fue la única flor en el jardín que sobrevivió a la dureza de la estación.

El sufrimiento y las dificultades han hecho de ella una camelia fuerte y hermosa.

Sus pétalos son firmes y suaves.

Así son tus caricias, como mi camelia.

¡¡ Quiero que me des calabazas !!

¡¡ Quiero que me des calabazas !!

Aventureros

Aventureros

Se dice que alguien que tiene una relación amorosa ocasional, está teniendo una aventura. Nuestro diccionario de la Real Academia de la lengua española, define aventura, entre otras acepciones, como “empresa de resultado incierto o que presenta riesgos”. Curiosa definición que diría describe la vida en pareja. Por eso cada día escasean más los aventurer@s.

Dieta equilibrada

Dieta equilibrada

Creo que la expresión “sentir mariposas en el estómago” como indicativo de que alguien se cree enamorad@ es,  cuando menos, desafortunada. El realismo de los adultos se da de bruces con ciertas metáforas juveniles. Y esa es una. A mí, por ejemplo, la expresión de marras me causa desasosiego digestivo. Imagino esos alados animalitos campando a sus anchas alas en mi interior y no me hace ninguna gracia ese descontrol. Mi horror gástrico llega a su punto álgido cuando imagino cómo han podido llegar hasta ahí, al aparato digestivo, los insectos ¿Acaso aquella manzana que mi Eva particular me dió, estaba habitada? ¿Tal vez penetró en mi organismo siendo crisálida confundida en los trozos de lechuga que ingiero ávidamente? Hacerme esas preguntas me lleva a otras mucho más trascendentales ¿Tiene algo qué ver el enamoramiento con la dieta? Está claro que si como jamón (siete jotas, por supuesto) a lo sumo que puedo llegar es a una triquinosis, pero no a una intoxicación de lepidópteros y sentir esa sensación nauseabunda cuando lo pienso. Pero claro, si me harto del exquisito pernil, el colesterol obstruirá mis arterias y mi porvenir cardiaco estará más que en entredicho.

 

La conclusión a la que llego después de tanta elucubración es que el enamoramiento, para que sea saludable, necesita de una dieta equilibrada.

Reflejos

Reflejos

Lo reconozco.

Soy como un espejo.

Cuando no me miras pierdo toda identidad.

Por eso busco tu mirada. Para recuperarme en tus ojos.

Tierra virgen

Tierra virgen

No sabes, o sí, lo que deseaba encontrarte en un espacio dibujado por ti. Espacio de contornos finos y sensuales que delimitan una tierra virgen, aunque hayas parido mil veces. Tierra virgen, inhóspita, llena de surcos profundos hechos a fuerza de recorrerte con mi imaginación. Senderos que me conducen hacia tu alma para que siga cobijándola entre los pliegues de mi piel. Y es que de tanto imaginar querer hacerte real, te has convertido en mi sueño…

Suerte

Suerte

Somos afortunados. Tuvimos la suerte de cruzarnos en el camino y no pasar inadvertidos. Nos deseamos y nos regalamos palabras de amor. Y aunque no me creas nuestra mayor fortuna fue separarnos, porque ese fue nuestro momento de libertad, algo de lo que ahora carecemos.

Odiar el amor

Odiar el amor

Odio esta mentira que es el amor, que necesita tanto para crecer y tan poco para morirse.

 

Odio que exista tu recuerdo y no lograr borrarte de la memoria para siempre.

 

Odio tener que soportar de por vida tu olor rozando mi desconsuelo, tu voz quebrando mis silencios.

 

Odio las eternas imágenes del teatro en que nos quisimos danzando a mí alrededor. Fantasmas que recordarán, que un día fuimos y hoy ya no somos.

 

Odio no poder odiarte después de haberte amado y que me empuja al abismo que deja el vacío de sentimientos.

 

Y duele tanto este amor que se nos va, que creo que con él se ira una parte de mi... Aunque también yo sea otra mentira.

Dueña del silencio

Dueña del silencio

En mi mente guardaba la voz que nunca te escuché. Almacenaba suspiros, gemidos de placer de tantas veces que hicimos el amor regalándonos caricias llenas de palabras en un mundo virtual. Eran sonidos llenos de imaginación, canciones que nos acompañaron en el camino que recorrimos juntos. Cuando te fuiste quise borrarlo todo buscando el silencio. Vano intento. No me di cuenta que el silencio lo llenas tú.

Sin pelos en la lengua

Sin pelos en la lengua

Llevaban unos años de casados y el tedio se había apoderado de sus vidas. Un día él se atrevió a confesarle una de sus fantasías sexuales.

 

“Quiero que te depiles entera”, le dijo. “Que no dejes ni un solo pelo en tu cuerpo”.

 

Ella lo hizo… y le dijo todo lo que pensaba, todo lo que sentía, todo lo que quería.

 

Aquella noche se amaron como nunca antes lo habían hecho.

Me gustan los piercings...

Me gustan los piercings...

Me gustan los piercings…

Pero deben ser de titanio porque es un metal ligero y fuerte, además de buen conductor de la electricidad y el calor.

 

Me gustan los piercings…

De titanio y que tengan pequeños cristales que asemejen brillantes. Dos y de color violeta oscuro, porque ese color es el de la noche con luna llena.

 

Me gustan los pearcings…

De titanio, con dos brillantitos de color violeta oscuro y engarzado en el ombligo, porque el ombligo es el oasis donde a mi lengua le gusta reposar cuando transita por el camino que le lleva al manantial de deliciosos jugos.

 

Me gustan los piercings…

De titanio, con dos brillantitos de color violeta oscuro, engarzado en el ombligo, pero tiene que ser el ombligo de una mujer, porque me gusta deslizar mi lengua, mis manos y, en definitiva, mi piel, por una piel suave y caliente.

 

Me gustan los piercings…

De titanio, con dos brillantitos de color violeta oscuro, engarzado en el ombligo de una mujer y sin vello en su cuerpo e, incluso, sin pelo en su cabeza, porque al deseo no hay que ponerle ni una sola traba por muy pequeña que sea.

 

Me gustan los piercings…

De titanio, con dos brillantitos de color violeta oscuro, engarzado en el ombligo de una mujer sin vello en su cuerpo y que tenga una mente abierta, porque las mentes abiertas son las únicas que funcionan, al igual que los paracaídas que necesitan abrirse para cumplir su cometido.

 

Me gustan los piercings…

De titanio, con dos brillantitos de color violeta oscuro, engarzado en el ombligo de una mujer sin vello en el cuerpo, que tenga una mente abierta y un corazón que, aunque escondido, sea grande, porque solo en un corazón grande cabrá mi sensatez cuando la pierda... o me la absorban.

 

Me gustan los piercings… pero no cualquiera.

No era tan difícil

No era tan difícil

No era tan difícil…


Borrar nuestras palabras,
Olvidar ilusiones compartidas,
Dejar de pintar tus sueños conmigo
Seguir en el silencio
Eliminar números o letras que pudiesen rememorarnos
Recordarnos sin dolor
Convencernos que nunca seremos el uno para el otro
Saber que somos, lo que siempre fuimos, una extraña coincidencia.

 

Porque…

 

Continuamos escribiendo
Renovamos ilusiones
Dibujamos solos
Compartimos silencios
Recuperamos la memoria de las letras y los números
Aprendimos a recordar
Seguimos encontrando otros unos y uno otros
Ahora si queremos arriesgarnos a vivir nuestras coincidencias.

 

Por todo ello... Gracias

La soledad del seductor

La soledad del seductor

A aquél hombre lo identificaban como a un seductor. El placer que sentía por acariciar y ser acariciado en el alma por las palabras y su generosidad en regalar y acaparar sonrisas, lo delataban. Disfrutaba con la intensidad de la mirada, con la intimidad del beso, con la música del susurro.

 

Y, sin embargo, ese mago de las palabras, ese provocador de la mirada, ese sibarita del amor, hacía de todo ello el vehículo que le llevaba a su propia soledad.

Beso, Uno, Grande y, sobre todo, Libre.

Beso, Uno, Grande y, sobre todo, Libre.

Para este fin de semana déjame mil besos, luego cien, después otros mil, luego cien más, luego mil, después cien ...


 


 

... por fin, cuando hayamos sumado muchos miles, embrollaremos la cuenta para no saberla y para que ningún envidioso nos pueda echar mal de ojo cuando sepa que nos hemos dado tantos besos.


 


(Adaptación libre de una carta de amor de Catulo a Lesbia)


 

 

Amor imposible

Amor imposible


Cuentan que, al principio de los tiempos, el Día se enamoró de la Vida y que ésta le correspondía.


Como todos los amantes no querían separarse el uno del otro.


Pero resultó que la Vida se marchitaba al no apartarse de su amado y éste, al darse cuenta que la perdía permaneciendo a su lado, decidió irse.


Para que el dolor de la separación no fuese tan amargo, el Día engañó a la Vida diciéndole que deseaba a la Noche y que allí se dirigía.

La mentira no logró calmar la tristeza de la Vida que lloró amargamente la partida del Día. Aún hoy, cada vez que recuerda a su amado, las lágrimas inundan sus ojos.


Por eso cae la lluvia cuando la nostalgia invade a la Vida.
Por eso existe la Noche, para que muera el día y la Vida pueda continuar.
Por eso cada día es diferente, para que nazcan nuevos amores… y siga la Vida.